Tycho Brahe (1546-1601)

Tycho Brahe (1546-1601) vivió en una época de transición en la que la precisión de la astronomía se hacía necesaria para los navegantes que cruzaban todos los rincones del mundo y, al mismo tiempo, para lecturas astrológicas "más exactas". Por ambas razones los reyes y príncipes europeos estaban dispuestos a invertir más tiempo y esfuerzo en desarrollar la tecnología necesaria. Tycho Brahe supo aprovechar este momento y desarrolló los instrumentos que resultaron, más precisos hasta la llegada del telescopio de Galileo.
Brahe, nació en Knudstrup Dinamarca, tuvo una juventud sin sobresaltos y se dedicó a estudiar leyes en la ciudad de Copenhague desde 1559 hasta 1562. Durante esos años un par de eventos astronómicos lo llevaron a limitar el tiempo dedicado a las leyes y lo acercaron a la astronomía, sobre todo después de asistir al eclipse de Sol de 1560 que lo dejó maravillado. Durante el día estudiaba jurisprudencia y a las noches se dedicaba a observar las estrellas. Un profesor de matemáticas le acercó el único gran libro sobre astronomía que existía en aquel entonces: el Almagesto de Tolomeo. En 1562 se dirigió a la ciudad de Leipzig a continuar sus estudios, tal como su tío quería, aunque nunca abandonó el interés por las estrellas. Sus propias observaciones le fueron revelando que las mediciones existentes eran muy imprecisas y decidió que él se encargaría de mejorarlas.
En los años siguientes siguió viajando por Europa y adquiriendo los mejores instrumentos astronómicos de su época. Aproximadamente en 1571 se instaló definitivamente en las tierras heredadas de su padre y su tío, en su propio pueblo, donde continuó su labor astronómica. Así fue que el 11 de noviembre de 1572 encontró una "estrella nueva", más brillante aún que Venus, donde antes no había absolutamente nada. No era un detalle menor en esos tiempos "copernicanos". Uno de los pilares de la cosmología antigua y medieval inspirada por Aristóteles consistía en la división del mundo celeste en dos regiones: sublunar y supralunar. Esta última región era supuestamente inmutable y eterna. Por lo tanto la "estrella" descubierta por Brahe debía, necesariamente, ser sublunar. Sin embargo, una serie de mediciones muy simples dejaron en claro que se trataba de un fenómeno supralunar.
Era un golpe mortal para la teoría aristotélica acerca de la inmutabilidad de los cielos y la división del universo. En 1573 Tycho Brahe publicó De Nova et Nullius Aevi Memoria Prius Visa Stella (Acerca de la nueva y nunca antes vista estrella); cuando la supernova (una estrella muriendo en una tremenda explosión de brillo) que lo había inspirado ya había desaparecido del cielo terrestre. Cinco años después observó un cometa y estableció que su paralaje era muy pequeña y por este hecho debía encontrarse más allá, no sólo de la esfera de la Luna, sino también de la de Venus, es decir en el mundo supralunar, supuestamente inmutable, de Aristóteles.
Este descubrimiento lo convenció definitivamente de dedicarse a la astronomía y construir un observatorio. En primer lugar pensó en hacerlo en Alemania, pero el Rey de Dinamarca y Noruega, Federico II, decidió retenerlo dándole lo que pidiera. Así Brahe contó con el apoyo necesario para construir el primer instituto realmente científico del mundo moderno: Uraniborg, la ciudad celeste. Estaba situada en la isla de Hven, que en ese entonces pertenecía a Dinamarca. Allí, emprendió la construcción de un gran cuadrante de cerca de 6 metros de radio para medir la altura de los astros. Y para poder determinar las distancias angulares hizo construir un sextante de casi un metro y medio de radio. Con la ayuda de estos aparatos fabricados especialmente, reunió una serie de observaciones muy precisas acerca de la posición de las estrellas y planetas que convirtió en anticuadas a todas las realizadas con anterioridad.
Si bien Brahe estaba influido por la obra de Copérnico, prefirió otro sistema que elaboró él mismo en el cual el Sol giraba en torno de la Tierra, pero los planetas lo hacían alrededor del Sol. Esto le permitía evitar el problema que había tenido Copérnico para justificar una Tierra en la que las cosas no salían volando por los aires a pesar de la velocidad. Otro factor que impidió a Tycho Brahe adoptar el copernicanismo fue la imposibilidad de descubrir paralajes de las estrellas fijas a pesar de la creciente exactitud de las observaciones y la imposibilidad de admitir el movimiento de la Tierra. La paralaje es el movimiento relativo que debería observarse entre las estrellas si la Tierra se moviera (básicamente de la misma manera que si alguien que está haciendo la cola en un banco se desplaza hacia un costado deja de ver sólo a quien tiene adelante para ver al cajero) Para corroborar la quietud de la Tierra ideó un experimento genial (aunque lo llevó a una conclusión errada, por supuesto). Disparó con un cañón hacia este y oeste en las mismas condiciones y obtuvo iguales resultados. Esto constituía, según él, una prueba concluyente contra la hipótesis del movimiento terrestre. En el fondo Brahe seguía teniendo el mismo problema que Copérnico: descubría que Aristóteles estaba equivocado, pero sus propios descubrimientos encontraban limitaciones por la falta de una física que los explicara.
De cualquier manera, Brahe no era conservador y se animó a destruir las esferas sólidas de las que hablaba Aristóteles. No atribuyó región propia a cada uno de los planetas al trazar su plan del mundo en el cual los astros se mueven libremente en el espacio, pudiendo entrar en los territorios de los planetas vecinos; así se reducían también las dimensiones del Universo. Sus enormes avances lo llevaron, paradójicamente, en sentido equivocado: su Universo es el más pequeño de todos. Pero el gran mérito de Tycho Brahe consistió, sin duda, en el carácter sistemático y constante de las observaciones. Fue uno de los primeros en comprender que las observaciones esporádicas, por perfectas que sean, no bastan, y hace falta observar el cielo y los astros de una manera continua noche tras noche. Pensaba que sólo después de reconstruir el mapa del cielo y de haber acumulado un número suficiente de observaciones, se podría elaborar la teoría de los movimientos de los planetas. Prácticamente, consagró a la observación los veinte años que pasó en Hven hasta su muerte en 1601 (en realidad también se casó y tuvo 8 hijos.).
Su catálogo de estrellas pasó a formar parte de las Tabulae Rudolphinae que editó más tarde, en 1627, un colega suyo: el gran Johannes Kepler. En los diarios de observaciones de Brahe encontró Kepler los datos -las diez oposiciones de Marte- que le permitirán resolver el enigma del movimiento de ese planeta, reformar así la Astronomía, a poner orden en el Sistema Solar.