Hijo de Examio y Cleobulina, y de ascendencia fenicia según Herodoto, Thales nació en Asia Menor (hoy Turquía) el 640 a.C. Fue un comerciante rico e hizo su fortuna vendiendo aceites. Cuentan que era tan distraído que una vez, mientras caminaba observando el cielo, se cayó dentro de un pozo. Se dice también que predijo un eclipse (basado en viejos datos babilónicos) el 28 de mayo del año 585 a.C. que detuvo la guerra entre los medos y los lidios. El cálculo del evento astronómico le dio a Thales autoridad sobre sus conciudadanos de Mileto, una próspera colonia griega del Asia Menor, donde confluían las rutas del comercio que conectaban Oriente y Occidente.
Thales no dejó nada escrito (o al menos no quedaron restos de su obra). Todo lo que sabemos de él se lo debemos a los filósofos que lo siguieron como Aristóteles y Diógenes Laercio.
Thales fue un verdadero pionero: inventó la ciencia. Thales está en el origen mismo del pensamiento occidental; es el primer científico, el primer filósofo griego, el iniciador de la escuela de la naturaleza, el que introduce un innovación absoluta, radical en el pensamiento griego: los fenómenos naturales deben tener explicaciones naturales. Es famosa la teoría de los terremotos: según Thales, la Tierra era un gran disco que flotaba en el océano, y los terremotos son el resultado del oleaje que mueve ese disco. Esto es, no se trata de un dios (Poseidón) que decide, golpeando con su tridente, cuando el suelo ha de temblar: es el mar anónimo e involuntario, que se mueve, y hace temblar el suelo y conmoverse a los hombres. En ese momento, en ese preciso momento, comienza la ciencia, el pensamiento racional.
Después vendrán Anaxímenes y Anaxágoras, Sócrates y Platón, Aristóteles, Copérnico y Newton, pero todos beben del elixir destilado de Thales de Mileto. Thales mira el mundo y decide explicarlo sin dioses, Thales es el primero que ve una naturaleza sin voluntad.
Y si la naturaleza no tiene voluntad pero hace cosas (como los terremotos, o los eclipses), las tiene que hacer por alguna razón, no por capricho. Esa razón es una causa, una causa que no puede ser un resultado de la voluntad o del capricho de dios, porque estaríamos recurriendo a explicaciones que no son naturales. Es decir, la causa tiene que ser también un fenómeno natural, una causa impersonal (que además, por ser impersonal, es regular). ¿Pero qué causó ese otro fenómeno natural? Una nueva causa. ¿Y esa nueva causa qué causa tiene? Es decir, tiene que haber una cadena de causas, y en esa cadena de causas (tal vez infinita) no interviene la voluntad de nadie. Thales deduce la idea abstracta de "causa" que estará presente en toda la ciencia posterior.
Pero además, esas causas naturales tienen que ser inteligibles, porque si no lo fueran, estarían relegadas al mundo de lo sobrenatural. La idea de causa natural lleva directamente a la idea de inteligibilidad. Lo cual no quiere decir que se pueda averiguar cuál es la causa; simplemente, que hay una (o una cadena de causas) y que el hombre va a poder averiguarla.
Thales no se queda allí, sino que trata de responder a la pregunta por las causas primeras, en el sentido de principio, del origen, de agua primordial donde nadaban las tortugas que sostenían el mundo. ¿De dónde viene todo lo que viene? ¿Cómo, lo que es, llegó a ser? Y Thales llega a la conclusión de que el origen de todas las cosas es el agua. (La idea de que todo esté compuesto por agua parece sumamente absurda ahora. Sin embargo, nosotros pensamos cosas muy parecidas. Por ejemplo, que el plástico está compuesto por plancton fosilizado. Ese petróleo era plancton. Si alguien dice "este vaso de plástico está compuesto de plancton", no está diciendo una locura, ni mucho menos. Del mismo modo, podría pensar que por una serie de transformaciones, el agua se podía transformar en otras cosas. Al fin y al cabo, el agua se vuelve sólida, se vuelve gaseosa y es un buen elemento que ofrece la posibilidad de verlo transformándose. Imaginaba a la Tierra como un gran disco flotando sobre las aguas, sobre la que habría una burbuja hemisférica de aire, la atmósfera sumergida en la masa líquida. La superficie convexa de la burbuja sería el cielo y los astros, según Thales, "navegarían por las aguas de arriba".
A Thales se le atribuyen 5 teoremas de la geometría elemental: los ángulos de la base de un triángulo isósceles son iguales; un círculo es bisectado por algún diámetro; los ángulos entre dos líneas rectas que se cortan son iguales; dos triángulos son congruentes si tienen dos ángulos y un lado igual, y todo ángulo inscrito en una semicircunferencia es recto. En su obra Metafísica, Aristóteles lo dice claramente: "Como los otros antiguos, Thales habla de un principio general de las cosas [arjé] y respecto al número y la forma de tal principio, no todos ellos están de acuerdo; pero el primero de ellos, Thales, el iniciador, dice que es el agua, tomando dicha suposición al observar que el alimento de todas las cosas es húmedo, y que la semilla de todas las cosas tiene naturaleza húmeda".
A Thales también se le atribuye haber descubierto la electricidad estática al frotar un trozo de ámbar con un pañuelo. El ámbar atraía hilachas, plumas y pequeñas astillas de madera. Thales creyó que esto era debido a una propiedad que se encontraba dentro del ámbar y lo llamó elektron, palabra latina de la que deriva el actual término, electricidad. Thales inventó la ciencia, pero al mismo tiempo inventó la soledad. Crea el terrible aislamiento del hombre observante, que se enfrenta al mundo casi despojado, armado solamente de su capacidad de razonar; el sabio solitario frente a la angustia de lo real, que funciona según causas invisibles, nació en Mileto hace dos mil seiscientos años. Según cuenta el historiador Suidas, Thales "murió viejo, mientras presenciaba un certamen gimnástico, aplastado por la multitud y agotado por el calor". Y sus últimas palabras fueron: "Te alabo, ¡oh Zeus!, porque me acercas a tí. Por haber envejecido, no podía ya ver las estrellas desde la tierra".
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