Eratóstenes de Cirene (276-197 AC)

El griego Eratóstenes (276 AC-194 AC) fue astrónomo, historiador, geógrafo, filósofo, poeta, crítico teatral y matemático; en resumen, un verdadero filósofo de la época helenística dorada de la Grecia antigua, ya que en ese tiempo todas estas disciplinas relacionadas con el interés por la naturaleza y las artes, no se separaban demasiado. Nació en la ciudad griega de Cirene, en la actual Libia (Norte de Africa), donde estudió junto a filósofos de la escuela de Zenón de Citium, padre del estoicismo. Durante su juventud se trasladó a Atenas a seguir con sus estudios.
Alrededor del año 245 AC fue convocado para ir a trabajar a la gran biblioteca de Alejandría, verdadero templo del saber antiguo, a las órdenes de Ptolomeo II Filadelfo. Su función, al menos en principio, era como tutor del hijo de este último, llamado Filopator. En el año 240 AC Eratóstenes ya ocupaba un lugar importante en la biblioteca más grande de su tiempo.
Sus colegas le dieron el sobrenombre de Beta, probablemente en forma algo injusta, porque lo consideraban una persona brillante en muchas disciplinas, pero incapaz de descollar en ninguna. Por ese motivo siempre quedaba a la sombra de los "Alfa" y se lo consideraba un eterno "segundo" como indica la letra del alfabeto griego. Al parecer la biblioteca de Alejandría no se diferenciaba tanto, al menos en el tipo de chistes y burlas, a oficinas de la actualidad.
Él mismo sumó obras a la biblioteca, en especial un libro llamado Platonicus que versaba sobre las matemáticas subyacentes a la filosofía de Platón. Por desgracia de esa obra sólo quedan comentarios en otras obras, ya que se perdió. Sus estudios sobre matemáticas se centraron sobre problemas de la época como el volumen del cubo o los números primos (existe un método para su detección llamado la criba de Eratóstenes).
Fue esta afición por las matemáticas la que le permitió realizar uno de las mayores demostraciones del poder de la inteligencia humana. Eratóstenes había oído decir que, durante el solsticio de verano, en Siene (actual Asuán), al sur de Egipto, una varilla colocada verticalmente no proyectaba sombra sobre el suelo. En Alejandría, por el contrario, como Eratóstenes había podido comprobar, la sombra de un obelisco era de un poquito más de de siete grados (ver figura).
Esta diferencia sólo podía atribuirse a la diferente inclinación de los rayos solares sobre una tierra esférica; como todos los griegos cultos de la época, Eratóstenes sabía perfectamente que la Tierra es redonda. El paso siguiente fue medir la distancia entre Alejandría y Siene (unos 5000 estadios según el sistema griego u 800 km.). Eratóstenes dedujo que esta distancia representaba 7º de los 360 que tiene la circunferencia terrestre. Con la regla de tres simple pudo calcular que la circunferencia de la Tierra medía cerca de 40.000 km., cifra básicamente acertada. El número exacto en realidad varía levemente según dónde se mida, ya que la Tierra no es perfectamente esférica sino que está achatada en los polos.
La simplicidad de esta idea todavía hoy produce escalofríos. Eratóstenes sólo usó una varilla y su inteligencia, y consiguió una medida que se aproxima bastante a lo que surge hoy de los satélites artificiales.
La única disputa acerca de la precisión de Eratóstenes reside en que actualmente no se sabe con exactitud cuánto representaba un estadio (la unidad de medida que utilizaban los griegos), aunque se calcula que tiene que estar en algún punto entre los 157 y los 166 metros. En cualquier caso el experimento no erraba por un margen demasiado grande y es genial en sí mismo, más que suficiente para inmortalizar su figura.
Eratóstenes también calculó con gran precisión la distancia desde la Tierra hasta el Sol y la Luna, aprovechando los eclipses, y el ángulo del eje terrestre respecto del plano del sistema solar. Sus ojos de matemático los aplicó también al estudio del tiempo, construyó un calendario y las bases de una cronografía sistemática del mundo para poder dar fechas a los eventos políticos y literarios desde los tiempos de Troya. También se le atribuye un catálogo de casi 700 estrellas y diversos estudios de geografía, particularmente en cartografía. Durante todos sus estudios siguió escribiendo poesía y otros trabajos literarios en teatro y ética, uno de los temas favoritos de los griegos. En sus últimos años Eratóstenes perdió la visión y terminó suicidándose.